Son todos iguales los edificios de
departamentos de las afueras del centro de Hamburgo, barrios enteros de
edificios idénticos, de no más de cuatro pisos y del mismo color. Desde hace
varios años me pregunto por qué es esto así y he escuchado algunas respuestas
interesantes, por ejemplo que debido a la guerra fue todo destruido y por eso
son todas construcciones nuevas. Pero ni esta última, ni otras responden en
realidad a por qué todos los edificios iguales, por qué iguales.
Una marcha con letra, que se canta
cuando, …, cuando los soldados marchan. Yo diría que es una marcha quebrada, un
pelotón de soldados rengos que andan todos a diferentes velocidades y cada uno
avanza como puede, lento, rápido, lento y rápido. Se escucha el tema, la melodía,
y un acompañamiento, pero sigue siendo irregular y entrecortado. Es, sin
embargo, un gran avance, ya que hemos pasado de solo hablar sobre el trayecto
que yo recorro hasta llegar a aquí, a hacer música, y en todo caso, hablar sí,
pero sobre la música. De ahí sé que ésta “marcha” es polaca y que hay además y
también muchas marchas populares alemanas que él cantaba. En todo momento se
cantaban, y no con el carácter que el señor Heinzelman le da al piano,
to-do-se-pa-ra-do, sino todas las voces coordinadas en tuttis y solos. “En esos
tiempos” (comienza su relato), “en esos tiempos algunas de estas marchas las cantábamos
bordeando el Aussenalster, y una vez en particular, una vez que tuvimos que estar
enderredor del lago durante muchas horas, de noche, cantamos marchas sin parar,
manteníamos el ritmo, y había que mantener un buen ritmo porque las lonas, que
no eran tantas, debían estar en su lugar a una determinada hora, antes de que
suene la sirena”. “El ritmo del acompañamiento es importante también, ¿no?”, pregunta
Herr Heinzelman en medio de su asociado relato. Debo responder, aunque quisiera
seguir escuchando un poco más debo responder, asi que le comento mi parecer: “es
una marcha, no debería ser muy rápida y sí constante, el ritmo en el
acompañamiento ¡es! importante”.
Me alegra escucharlo practicar,
suena cada vez mejor, y según él, debido a que los miles de médicos que visita
durante la semana se toman demasiado tiempo para decirle lo que debería hacer
para cuidar su salud, no puede estudiar en casa. Pastillas de acá y pastillas
de allá, y tanta medicación (cree él) hace que sus músculos no respondan
debidamente y por eso, además, no puede estudiar durante la semana. Pero no
pasa nada Herr Heinzelman, será éste nuestro tiempo de estudio, y ciertamente se
ven los buenos resultados, los frutos. “Es una marcha, el ritmo del
acompañamiento es muy importante”. “Teníamos que terminar antes de las sirenas
porque había que intentar desviar a los otros, en esa época piloteaban de noche
sin GPS y lo que hacían era ubicarse por el reflejo del agua, en Hamburgo el
agua es la guía, sobre el Elbe y alrededor del Alster se encuentra el centro y
la mayoría de la población de Hamburgo”. “Estaba despejada la noche, la luna
era el sol, por eso se nos ordenó tapar el lago, taparlo lo mejor posible para
que el agua no muestre nuestra posición”. “En un pueblo del Sur había una joven
hermosa, que a todos encantaba con su largo cabello y su cara angelical…”,
canta ahora Herr Heinzelman lo que esa noche interpretaron. Esa noche en la cual
no solo el lago sino también el miedo se cubrían con esa marcha empalagosa.
“Bastante bien, ¿no?, estas melodías
están en mi cabeza y tengo cierta facilidad para tocarlas en el piano, lo que
me cuesta es el acompañamiento, es rítmico, es difícil”. “No éramos muchos,
todos jóvenes, algunos un poco lerdos, no coordinaban marcha, canto y trabajo”.
“Recuerdo alguno un poco perdido, atolondrado, un tal Dehrer, un músico
excepcional, pero para arrastrar lonas y meterse al agua hasta la cintura no
estaba hecho, era de los que hubieran querido estar tocando algo más melódico en su casa, La Paloma por ejemplo”.
Juan Monera
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