domingo, 26 de agosto de 2012

Lago cubierto ( clase n° 5 )



Son todos iguales los edificios de departamentos de las afueras del centro de Hamburgo, barrios enteros de edificios idénticos, de no más de cuatro pisos y del mismo color. Desde hace varios años me pregunto por qué es esto así y he escuchado algunas respuestas interesantes, por ejemplo que debido a la guerra fue todo destruido y por eso son todas construcciones nuevas. Pero ni esta última, ni otras responden en realidad a por qué todos los edificios iguales, por qué iguales.
Una marcha con letra, que se canta cuando, …, cuando los soldados marchan. Yo diría que es una marcha quebrada, un pelotón de soldados rengos que andan todos a diferentes velocidades y cada uno avanza como puede, lento, rápido, lento y rápido. Se escucha el tema, la melodía, y un acompañamiento, pero sigue siendo irregular y entrecortado. Es, sin embargo, un gran avance, ya que hemos pasado de solo hablar sobre el trayecto que yo recorro hasta llegar a aquí, a hacer música, y en todo caso, hablar sí, pero sobre la música. De ahí sé que ésta “marcha” es polaca y que hay además y también muchas marchas populares alemanas que él cantaba. En todo momento se cantaban, y no con el carácter que el señor Heinzelman le da al piano, to-do-se-pa-ra-do, sino todas las voces coordinadas en tuttis y solos. “En esos tiempos” (comienza su relato), “en esos tiempos algunas de estas marchas las cantábamos bordeando el Aussenalster, y una vez en particular, una vez que tuvimos que estar enderredor del lago durante muchas horas, de noche, cantamos marchas sin parar, manteníamos el ritmo, y había que mantener un buen ritmo porque las lonas, que no eran tantas, debían estar en su lugar a una determinada hora, antes de que suene la sirena”. “El ritmo del acompañamiento es importante también, ¿no?”, pregunta Herr Heinzelman en medio de su asociado relato. Debo responder, aunque quisiera seguir escuchando un poco más debo responder, asi que le comento mi parecer: “es una marcha, no debería ser muy rápida y sí constante, el ritmo en el acompañamiento ¡es! importante”.
Me alegra escucharlo practicar, suena cada vez mejor, y según él, debido a que los miles de médicos que visita durante la semana se toman demasiado tiempo para decirle lo que debería hacer para cuidar su salud, no puede estudiar en casa. Pastillas de acá y pastillas de allá, y tanta medicación (cree él) hace que sus músculos no respondan debidamente y por eso, además, no puede estudiar durante la semana. Pero no pasa nada Herr Heinzelman, será éste nuestro tiempo de estudio, y ciertamente se ven los buenos resultados, los frutos. “Es una marcha, el ritmo del acompañamiento es muy importante”. “Teníamos que terminar antes de las sirenas porque había que intentar desviar a los otros, en esa época piloteaban de noche sin GPS y lo que hacían era ubicarse por el reflejo del agua, en Hamburgo el agua es la guía, sobre el Elbe y alrededor del Alster se encuentra el centro y la mayoría de la población de Hamburgo”. “Estaba despejada la noche, la luna era el sol, por eso se nos ordenó tapar el lago, taparlo lo mejor posible para que el agua no muestre nuestra posición”. “En un pueblo del Sur había una joven hermosa, que a todos encantaba con su largo cabello y su cara angelical…”, canta ahora Herr Heinzelman lo que esa noche interpretaron. Esa noche en la cual no solo el lago sino también el miedo se cubrían con esa marcha empalagosa.
“Bastante bien, ¿no?, estas melodías están en mi cabeza y tengo cierta facilidad para tocarlas en el piano, lo que me cuesta es el acompañamiento, es rítmico, es difícil”. “No éramos muchos, todos jóvenes, algunos un poco lerdos, no coordinaban marcha, canto y trabajo”. “Recuerdo alguno un poco perdido, atolondrado, un tal Dehrer, un músico excepcional, pero para arrastrar lonas y meterse al agua hasta la cintura no estaba hecho, era de los que hubieran querido estar tocando algo más melódico en su casa, La Paloma por ejemplo”.

Juan Monera

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